Uña y Carne - Malandar

Escrito el 21/03/2026
Estéfano Serrano

Uña y Carne desatan su “rumba más visceral”

Sudor, calle y una rumba que no pide permiso

El pasado sábado 21 de marzo, Uña y Carne pasaron por Sala Malandar y dejaron algo más que un concierto: dejaron una sensación difícil de explicar si no estuviste allí.

Desde antes de que empezara ya se respiraba ese ambiente raro, ese murmullo de gente que sabe que no viene a ver “otro bolo más”. Malandar, con ese punto cercano y casi clandestino, era el sitio perfecto. Luces bajas, escenario preparado… y en cuanto salieron, no hubo calentamiento posible: entraron directos.

Lo de Uña y Carne no es solo música. Es actitud. Es una especie de película que se va montando tema a tema, con una rumba que se ensucia, que se rompe y que se mezcla con guitarras más crudas. No hay distancia con el público y hay verdad.

El concierto fue avanzando como una montaña rusa emocional. Momentos más íntimos, donde el silencio pesaba más que el ruido, y otros donde la sala explotaba en palmas y energía. Sevilla respondió como sabe: entregada, cercana, formando parte del show.

Hubo algo especialmente potente en la forma en la que construyen el directo. No parece una sucesión de canciones, sino un bloque, una historia que se va tensando poco a poco. Y cuando te quieres dar cuenta, estás dentro.

Quizá lo más interesante es que no intentan encajar en ningún sitio. Su “rumba rock” no suena a etiqueta, suena a necesidad. A contar lo que llevan dentro sin filtrar demasiado. Y eso, en directo, se nota.

Cuando terminó, quedó esa sensación de haber vivido algo breve pero intenso. De esos conciertos que no necesitan grandes artificios porque funcionan desde lo esencial: conexión, mensaje y energía.

Sevilla fue una parada más en su camino, sí. Pero para los que estuvimos allí, fue de esas noches que se quedan.